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Martes 3 de agosto de 2010.
Cloete, Coahuila; y la ley SB1070 de
Arizona.
Por: Tomás Yarrington Ruvalcaba.
Mi padre nació en Cloete, Coahuila. Hijo de
Tomás Allen Yarrington, oriundo de Eagle Pass, Texas. De
profesión ingeniero, mi abuelo trabajaba en los inicios del
siglo XX en una mina de carbón asentada en esa pequeña comunidad
coahuilense. Orgulloso de sus orígenes, mi padre afirmaba que
había nacido en la región de los rascacielos.
Cuando a mis 23 años visité por primera vez el
lugar, comprendí que se refería a las gigantescas chimeneas que
se utilizaban para tratar el mineral. Recuerdo que estando ahí,
me dirigí a una caseta telefónica y le marqué por cobrar a
Matamoros, para que en su recibo de teléfono le apareciera una
llamada de su natal Cloete.
Hijo de padre americano, al cumplir los 18 años,
papá tuvo que elegir su nacionalidad y optó por la de su madre,
decidió por México y aquí hizo su vida. La frontera está llena
de casos similares. Sé de muchos hombres y mujeres, que ante la
misma disyuntiva, optaron por lo mismo.
Existen casos también de poblaciones enteras
fundadas por repatriados. Dos vienen a mi mente: Nuevo Laredo y
Valle Hermoso.
Cuentan que muchos habitantes de Laredo, Texas;
incluso exhumaron a sus muertos para traerlos consigo y fundar
Nuevo Laredo del lado mexicano.
El otro caso que recuerdo es la colonia agrícola
18 de marzo, hoy municipio de Valle Hermoso, que fue fundado por
quienes aceptaron el ofrecimiento del presidente Lázaro Cárdenas
de repatriarse y cultivar en suelo patrio.
Pero esos, lamentablemente, eran otros tiempos.
Hoy, el éxodo masivo de connacionales, de todos
los estratos sociales, es una realidad que lastima y que nos
grita que algo estamos haciendo muy mal.
Por temor a la inseguridad, empresarios jóvenes
buscan la residencia en el vecino país a cambio de invertir
capital en empresas que generen empleos productivos. Al mismo
tiempo que por falta de trabajo y oportunidades, son expulsados
de nuestro país hombres y mujeres que con ganas de sacar
adelante a sus familias, cruzan ilegalmente la frontera.
Y la respuesta a este fenómeno, por parte de
autoridades locales como la del estado norteamericano de
Arizona, polariza posiciones en el tema migratorio y agrava de
hecho, la situación de millones de trabajadores indocumentados.
Todo es parte de lo mismo, pero ante una cada vez
mas profunda disparidad económica entre ambos países, el flujo
migratorio habrá de incrementarse legal o ilegalmente, sin que
exista ley o muro que pueda contenerlo.
¿Cómo llegamos a esto?.
Hace 200 años los hombres de nuestra
independencia sabían que México era un país con los recursos
naturales y humanos suficientes para llegar a ser una gran
potencia. Hoy, parecemos conformarnos con sacar de la pobreza
extrema a millones de mexicanos en nuestro suelo y defender los
derechos de los indocumentados emigrados a los Estados Unidos.
Es importante retomar el camino. La solución de
fondo es el desarrollo económico y la generación de empleos. Esa
es la única salida. La agenda con nuestros vecinos del norte
debe replantearse. Exijamos corresponsabilidad y reciprocidad en
los hechos.
No podemos continuar atendiendo nada más los
puntos de su interés y cargar con los costos de la vecindad a
expensas de nuestra viabilidad como nación soberana e
independiente. Pensar primero en México, defender los intereses
de México, gobernar para México, debe ser la divisa de nuestro
tiempo.
¡Saludos!.
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