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Martes 17 de agosto de 2010.
La puerta mágica.
Por: Tomás Antonio Yarrington Morales.
¡Hola a todos!.
Mi nombre es Tomás Antonio, soy hijo orgulloso de Tomás Jesús y
María Antonieta. Aclaro que no elegí ésta primera descripción de
mi persona a la ligera, ni pretendo ser superfluo en mi uso del
lenguaje. Bien pude haberles dicho que soy su hijo privilegiado
-no cualquiera se forma bajo la tutela de tan extraordinaria
pareja- pero, bajo cautela de no parecer un tanto pretencioso,
opté por declararme orgulloso, MUY orgulloso.
Hoy quiero hacer uso de este espacio para
platicarles un poco de Tomás, hombre de familia. Sé bien que él
tiene un toque personal muy especial en su interacción con
ustedes y que hace un esfuerzo genuino y desinteresado para que
lo conozcan bien. Quienes lo han seguido durante un tiempo ya
saben de sus ocurrencias, de su gran sentido del humor y de su
aguda perspicacia. Mi intención es, simplemente, brindarles una
nueva perspectiva, una ventanita alterna para que lo sigan
conociendo.
Tomás Yarrington Ruvalcaba siempre ha sido un
excelente padre. Sus ocupaciones en la vida pública lo
mantuvieron durante muchos años físicamente alejado de nosotros.
Siempre viajó mucho y, hasta el día de hoy, nunca ha pasado
mucho tiempo en casa. Sin embargo, siempre ha llenado nuestras
vidas de magia y alegría. Nunca desperdicia un solo momento para
hacernos sentir rodeados por el más cálido amor. De niños, nos
decía que contaba con una “puerta mágica” para vernos y estar al
pendiente de nosotros día tras día.
En la actualidad, todos tenemos múltiples
“puertas mágicas” a través de las redes sociales; éstas nos
sirven para acortar las distancias y compartir con nuestros
seres queridos los momentos más importantes de nuestras vidas.
Mi padre nunca necesitó de estas herramientas con nosotros, su
amor siempre bastó para hacerse sentir presente.
A pesar de su agenda, nunca ha olvidado su papel
como padre. En cada momento crucial de mi vida ha estado
presente con intervenciones importantes que forjaron mi carácter
y me encausaron en el camino que convierte a los niños en
hombres. Con amor y mano firme me enseñó a caminar, con la más
profunda humildad, el camino de la grandeza. Muy presentes tengo
todos sus consejos y hoy quisiera compartirles uno.
“En esta vida debes buscar:
de los de abajo… su cariño
de tus pares… su respeto
de todos… su gratitud”
Me llena de orgullo ser hijo de mi padre.
Un ser humano impecable que ha atravesado los
campos minados del quehacer político con la más inquebrantable
rectitud.
Un ser humano sensible y capaz de mostrar a sus
hijos la lealtad de un buen amigo, de brindar a sus amigos el
amor de un buen hermano y de otorgar a sus hermanos el apoyo de
un buen padre.
Un ser humano que ama a México y cree en su
gente.
Me hacen falta muchas hojas para seguir
describiendolo y, quizá, aún más para hablar de mi madre.
Buscaré otro espacio en este blog más adelante para abrirles de
nuevo la ventana.
Bienvenidos.
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