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Martes 6 de septiembre de 2011 Ahí les va otra: El Auditorio. Por: José Monroy Zorrivas Antes de contarles ésta, déjenme decirles que Tomás y yo podríamos formular ésta pregunta: ¿Cuándo se nos pasaron 40 años de vida y de amistad?... y es que hay vidas paralelas, que sin que uno se lo proponga... como diría Plutarco... “están predeterminadas, a ir en rutas tan similares”, que hasta pensaría uno, que hay un “titiritero mayor” en el universo. Hecha la aclaración de la sorpresa de que casi 4 décadas nos contemplan... Tomás y yo, conservamos una amistad “a prueba de todo”. Les voy a platicar... él como yo, venimos de familias, que por distintas razones, no tenían lo que nosotros hubiéramos deseado, y queríamos para nuestro desarrollo personal. Nuestras familias, no podían dar más allá de sus posibilidades para nuestra educación y crecimiento académico. Así, que inquietos; líderes; temerarios; audaces... y... ahí síganle poniendo de su cosecha... "abríamos puertas", para buscar oportunidades... y miren que se nos quedó la costumbre. Porque tratándose de algo, de lo que él o yo estamos convencidos: “No hay poder humano que pueda ser capaz de detenernos, para conseguir nuestros objetivos”. Y así las cosas... sin protagonismos, solo como anecdotario... Un día, Tomás, valiéndose de todos sus recursos, se las ingenió para venir a la Ciudad de México a estudiar la secundaria, y esto lo logró, por tener a un tío o tía, que vivía en la Colonia Santa Julia, a la sazón... un barrio bravo, en donde Tomás, más de una vez se tuvo que liar a golpes, para marcar territorio. Tomás, le ayudaba a sus parientes en el mercado de Santa Julia, para justificar su estancia con ellos... les ayudaba, lavando los puestos donde vendían y así como podía, entre el mercado; la escuela y los baños de vapor sabatinos, se iba forjando el carácter de Tomás. Alentado sus sueños, para lograr lo que anhelaba y quería en la vida. Mientras tanto... yo, con un año de diferencia biológica, vivía en la Colonia de los Doctores, mi padre había muerto dejándonos ya de por sí, en la inopia, viviendo en una vecindad. Yo creo... todavía más humilde que donde vivía Tomás. Yo... vendía tortas, que hacía mi mamá y me ganaba un licuado en una juguería –porque a las muchachas que hacían los jugos, les venía en gracia, ¡que les hiciera ojitos!- y ahí me tienen haciendo ojitos, para ganarme el jugo. También recuerdo, un baño de vapor a los que tenía que ir... el sábado –como ritual obligatorio- para quitarse el mugrero de la semana. Pero eso sí, en el fondo, Tomás y yo queríamos ser Presidentes de la República... ¿¿¿algún día??? Bueno igual y el sueño no ha muerto... ja, ja, ja... Hay decenas de anécdotas, pero ésta, es buena: Tomás se organiza con un grupo de muchachos de Matamoros, para ver al Presidente de la República -que en ese entonces era Luis Echeverría Álvarez, cuando los Presidentes eran una Institución legendaria y mítica- el equipo de seguridad era ”infranqueable”. Chuy Vega, entrañable amigo, medio luchador, con un corazón gigantesco y también corpulento... se propuso...¡como tacle de Futbol americano!... armar un sainete, entre la seguridad del Estado Mayor, para que Tomás -igual que yo, chiquito y flaquito- pudiera estar “Junto al Presidente”. Esto logró que Tomás, se acercara y le pidiera al Presidente Echeverría... que lo que quería, era su ayuda para que la Prepa de ellos, tuviera un Auditorio”... ¿saben lo que pasó?, ¡la Prepa, tuvo y tiene su Auditorio, gracias a este gesto de audacia de Tomás, ayudado por Chuy. Yo, por mi cuenta, -en ese tiempo- ganaba un concurso de oratoria que me permitió, junto con Beatriz Paredes; Mario Uvence y otros, ser invitados de Echeverría, en una gira por La Paz, Baja California Sur, en la que Beatriz, cautivó al presidente... entre versos de Neruda y pedazos de Discursos Agraristas. Yo, le recitaba un poema a Echeverría –la autora, era mi mamá- y le sacaba una cita, para que instruyera al Secretario de la Presidencia, Hugo Cervantes del Río, que apoyara la fiesta de mi generación como padrino... ”diganme si no... hay vidas paralelas”... ¿como podíamos lograr lo que fuera?, ¡¡¡tocando las puertas que fuera necesario!!! Pero vean donde Tomás, traía la cabeza: “Pidiendo un Auditorio para su Prepa” al Presidente de México. Hoy por cierto, el Auditorio lleva el nombre de “Chuy Vega”... quien murió de manera inesperada y repentina. En la siguiente, les voy a platicar cuando Tomás, gana el “Concurso Nacional de Oratoria” en Comitán Chiapas, y verán que delicia de anécdota, sobre todo porque casi 35 años después, los Organizadores están invitando, ahora, como jurado calificador a Tomás. Que fue el Primer Campeón Nacional de ese Concurso. ¡Hasta pronto! |
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