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Martes 18 de octubre de 2011 ¿Es más bueno ser grande, o es más grande ser bueno? Por: Emilio Ramírez La partida de Steve Jobs hace un par de semanas puso al mundo de cabeza: Ríos de bytes corrieron por las pantallas de todo el orbe para alertarnos no solo del deceso de este genio innovador, sino para hablar también sobre su legado y logros profesionales, reflexionar sobre las condiciones propias de su vida personal e incluso para revelar episodios ocultos del singular lado oscuro que lo acompañaba, representado por la obsesión al trabajo, el egocentrismo y la búsqueda irracional del perfeccionismo. En resumen, Steve Jobs fue un hombre muy bueno en su profesión… tan bueno, que el mundo lo ha colocado en un pedestal y le ha otorgado su reconocimiento como uno de los grandes genios de la tecnología. Pero vayamos a 1941 -14 años antes del nacimiento de Steve Jobs y en plena guerra mundial- donde en el poblado de Bronxville, en el estado norteamericano de Nueva York, nació Dennis Ritchie. Su padre fue un muy reconocido científico –pionero y especialista en el diseño de circuitos- que trabajó en el centro de investigación y desarrollo de los laboratorios Bell. Dennis fue un alumno modelo en la preparatoria Summit (nada que ver con Steve), en Nueva Jersey; y posteriormente ingresó a la Universidad de Hardvard, donde obtuvo grados en ciencias físicas y matemática aplicada. ¡Todo un genio!, sin embargo, Dennis jamás se consideró a sí mismo lo suficientemente bueno como para sobresalir en los campos que más le apasionaban: La física y los algoritmos matemáticos. Así que optó por, con tan solo 26 años de edad, buscar un empleo en los mismos laboratorios donde su padre había laborado por tantos años. A pesar de contar con una pesada carga de trabajo, un año después completó el Doctorado en la misma universidad de Harvard. Con menos de 30 años, el futuro parecía demasiado bueno para Dennis. Pero en 1969, el destino pondría en su camino un par de proyectos, relacionados entre sí, que le dieron forma a su vida y guiaron no solo un gran parte de su existencia sino también sus contribuciones en el campo de la tecnología. Dennis formó parte del reducido grupo de ingenieros que crearon el original sistema operativo UNIX, sobre el cual hasta el día de hoy, -dada su potencia, estabilidad, seguridad y muchas otras bondades- se han basado numerosos sistemas operativos, incluyendo el AIX (IBM), el HP/UX, el Solaris de SUN, el popular Linux (con todas sus variantes) y… sí, adivinaron: Desde el año 2002, el Mac OS X de Apple.
Pero además de este importante legado, Dennis Ritchie desarrolló modificaciones fundamentales al entonces obsoleto lenguaje de programación B. Agregando nuevas funcionalidades con el objetivo de facilitar las instalaciones de UNIX, pero dichas modificaciones fueron tan exitosas que el lenguaje C terminó por consolidarse como uno de los principales lenguajes de programación de aplicaciones. Estas y otras relevantes aportaciones al campo de la tecnología de información le valieron numerosos premios, incluyendo la medalla Alan Touring, el premio Nacional de Tecnología, el premio Japonés de Informática y Comunicaciones y el prestigioso premio Richard Hamming de la IEEE, este último considerado como el Premio Nobel de la Ingeniería. En los momentos en que el mundo aún rendía tributo al reconocido y popular Steve Jobs, Dennis Ritchie, a la edad de 70 años, fue encontrado muerto en el departamento donde vivía solo desde hace años. ¿Es más bueno ser grande, o es más grande ser bueno? Reservado, introvertido, azotado en sus últimos años por las enfermedades, jamás soñó siquiera con tener la popularidad de Steve Jobs, sin embargo, el mundo de la tecnología se ha volcado en múltiples reconocimientos a su labor, considerándolo algunos por encima del hombre de la manzana, valorando más sus aportaciones técnicas por sobre la capacidad de innovación y el talento sobre el escenario de Jobs. Los más conservadores, opinan que el cielo es suficientemente amplio para dar cabida a ambos genios. Invitándonos a valorar a cada uno de ellos de acuerdo con el carril en donde decidieron correr en esta vida, y en la cual, ambos serán por siempre recordados como buenos jugadores y grandes ganadores. |
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