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Miércoles 21 de diciembre de 2011 Hace muchos años Por: Víctor Manuel Mendiola Hace muchos años, cuando Tomás y yo observábamos cómo se sucedían las crisis económicas de nuestra patria (proceso que comenzó en la época de Echeverría y que no ha dejado de afectar la vida de nuestro país hasta nuestros días y que nos ha hecho los hombres y las mujeres de la crisis), nos dimos cuenta de que era necesario realizar una reflexión sobre la forma como el poder opera no sólo en nuestra sociedad sino en otras sociedades y, en general, en la sociedad ideal de los hombres, porque una buena parte de los accidentes y fracasos de nuestra joven y vieja nación provenían —así pensamos en aquélla época— de la manera como los grupos dominantes ejercían su influencia en el gobierno y en todos los ámbitos de la vida social. Por ello, en primer lugar elaboramos una larga bibliografía. Ésta comenzaba con Confucio y su idea del hombre excelente y terminaba con El ogro filantrópico de Octavio Paz —una caracterización poética, pero muy aguda del Estado Mexicano—, pasando por un sinnúmero de textos entre los que destacaban La república de Platón, El príncipe de Maquiavelo, Discurso sobre la servidumbre, El leviatán de Hobbes, El hombre rebelde de Camus, La rebelión de las masas de Ortega y Gasset y Masa y poder de Elías Canetti. Nos dimos a la tarea de leer todos estos libros y otros más y, cuando había pasado el tiempo, logramos agotarlos. Al llegar a ese punto, soñamos con la idea de escribir un gran libro sobre las revelaciones que habíamos sufrido en esa larga lectura, pero como era una tarea en realidad desmesurada, ni el tiempo ni nuestras ocupaciones nos permitieron acometer la ejecución y cumplimiento de este proyecto. Sin embargo, desde ese lejano entonces, Tomás y yo no hemos dejado de recordar, cuando nos encontramos y discutimos, esa inolvidable lectura compartida que nos ha permitido hallar puntos de referencia en nuestras diversas y contradictorias actividades. A él, como político, me imagino que le resultó muy enriquecedora la lectura de El Leviatán de Hobbes y sobre todo —porque lo sé y me consta— de Canetti. A mí, como escritor, el mito de la caverna de Platón y la conciencia de independencia intelectual de Camus. Aunque parezca extraño, todas esa ideas y la lectura de los libros de ficción, de novelas como Memorias de Adriano, nos llevó muchos años después a crear un festival de literatura, Letras en el Golfo. Con ese pequeño gran experimento tratamos de mostrar como las ideas y, en particular, las ideas literarias, pueden modificar una sociedad. Yo creo que conseguimos llevar a cabo la aplicación de ese pensamiento y, lo que es más importante, tuvimos éxito.
Primera fila, de izquierda a derecha: En esos años, Tamaulipas se convirtió en el sitio en donde ocurría el Festival Internacional de Prosa y Poesía Letras en el Golfo. La sociedad tamaulipeca vivió un auge cultural por la política de gobierno de Tomás, pero también por la invención de ese convivio de escritores que demostró que la cultura y las letras cambian al mundo. Definitivamente, leer puede tener consecuencias y, muchas veces, las tiene. Es increíble. |
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